Universitat Rovira i Virgili

Los niños que consumen leche con más proteínas durante el primer año tienen tres veces más riesgo de sufrir obesidad que los que toman leche materna

Viernes, 19 de septiembre de 2014

Lo confirma el resultado de la comparativa de 1.200 niñas y niños de cinco países europeos que durante el primer año de vida han sido alimentados con leche materna y con leche artificial de alto y bajo contenido proteico.

El estudio es el resultado de tres proyectos del 5º, 6º y 7º Programa Marco europeo: Childhood Obesity Project (CHOP), Early Nutrition Programming Project (EARNEST) y Long-term effects of early nutrition on later health (EarlyNutrition), en el que participa la Unidad de Investigación en Pediatría, Nutrición y Desarrollo Humano de la URV, al frente de la cual están los doctores Ricardo Closa y Joaquín Escribano.

El trabajo se ha publicado en la revista científica The American Journal of Clinical Nutrition y corresponde a los resultados de los estudios que se realizaron a los niños cuando tenían seis años.

La ingesta de proteínas en los niños de cero a un año tiene un efecto en la obesidad futura. Los investigadores de este trabajo han comprobado que, a los seis años, se confirma la hipótesis de que partían: los niños que han sido alimentados con leche artificial con alto contenido proteico tienen un riesgo tres veces superior de sufrir obesidad que los que han sido alimentados con leche materna, o bien con leche artificial con baja proteína.

En este estudio, en el cual se ha hecho el seguimiento de 1.200 niñas y niños de cinco países europeos desde su nacimiento, se había evidenciado el aumento del crecimiento corporal a los dos años de vida en aquellos que habían recibido más proteínas a través de la lactancia artificial los primeros años, un estudio publicado también a la revista The American Journal of Clinical Nutrition. Ahora, los resultados de los niños y de las niñas correspondientes a los seis años -publicados en la misma revista científica- han confirmado que a los seis años, esta tendencia se mantiene. "Los indicadores son más claros que a los dos años", explica el doctor Ricardo Closa quien, junto con Joaquín Escribano -los dos coordinadores de la Unidad de Investigación en Pediatría, Nutrición y Desarrollo Humano de la URV- participan en este trabajo de investigación. Los Índices de Masa Corporal (IMC) ya muestran que los que han sido alimentados con leche artificial con altos contenidos de proteínas "tienen casi tres veces más posibilidades de ser obesos a los seis años y, por lo tanto, un aumento del riesgo a sufrir problemas metabólicos en edad adulta", explica el investigador.

Los resultados de ahora confirman que recibir más proteínas durante el primer año deriva en un mayor peso durante los dos primeros años y más riesgo de sufrir obesidad a los seis. Esto se acompaña, además, de cambios en el metabolismo. No sólo tienen un aumento de peso sino que sufren cambios hormonales que pueden favorecer alteraciones metabólicas en un futuro. El aumento de riesgo se comprueba, apuntan, extrayendo todos los factores que puedan interferir: hábitos de vida, actividad física, alimentación posterior, etc. Es decir, en el estudio se aíslan los factores que puedan confundir los resultados. Por otro lado, durante el seguimiento de los niños se estudia no sólo la implicación de las proteínas en la obesidad futura, sino también su papel en el desarrollo de los órganos y a nivel metabólico. Algunos de estos efectos están publicados en revistas científicas fruto de los trabajos de los mismos investigadores. 

Los resultados de ahora "tienen una trascendencia muy alta a nivel de salud pública", explica el doctor, que añade que las casas comerciales han ido por delante de las recomendaciones de las agencias europeas y "ya limitan las proteínas". En Europa han bajado los índices permitidos de proteínas en la leche, "pero esta investigación tendría que hacer cambiar las recomendaciones de salud". Con los resultados en la mano, los investigadores recomiendan que las leches artificiales tengan 1,8 gramos de proteínas por cien calorías mientras que está aceptado prácticamente el doble, 3,5 gramos, y "todavía tendría que bajar más", apuntan los investigadores.

El trabajo de investigación se enmarca en el Childhood Obesity Project y recibe financiación actualmente a través del proyecto Long-term effects of early nutrition on later health (EarlyNutrition). El proyecto recibe una ayuda de 8,96 millones de euros del 7º Programa Marco de la Comisión Europea y lo llevan a cabo equipos de investigación de toda Europa, Australia y Estados Unidos.

Estudio de la ingesta de proteínas durante el segundo año de vida

Se ha comprobado que la ingesta de proteínas precoz tiene un efecto a la larga, puesto que afectan el fenotipo. Se ha detectado que se consumen demasiadas durante los primeros meses y que este hecho tiene consecuencias metabólicas posteriores, según los investigadores, que piensan que el efecto de las proteínas durante el primer año se podría extender también al segundo año de vida. Este hecho tiene tanta importancia que ahora harán un nuevo estudio con investigadores de Alemania y España para comprobar qué efectos tiene la ingesta de una cantidad de proteínas elevada durante el segundo año de vida, en la obesidad posterior. "Tenemos claro que tenemos que encontrar las causas para prevenir la obesidad porque el tratamiento es poco efectivo y los cambios metabólicos son precoces". Se estudiarán 2.000 niños de los cuales ahora se empezará a hacer la recogida y el seguimiento. La alimentación el segundo año es libre y complementaria y la leche es el alimento que marca la diferencia en la aportación proteica.

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1200 niñas y niños de 5 paises europeos han participado en el estudio

La Unidad de Investigación en Pediatría, Nutrición y Desarrollo Humano de la URV, forma parte del projecto