Universitat Rovira i Virgili

Un artículo avala una fuerte actividad hidrotermal en La Hoya de Baza durante los últimos millones de años

Martes, 29 de julio de 2014

El trabajo está liderado por la Universidad de Málaga, con la participación del Dr. Bienvenido Martínez-Navarro, investigador ICREA en el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES)

La cuenca de Guadix-Baza, ubicada en el altiplano granadino y rodeada por las cumbres más elevadas de la Cordillera Bética (Sierra Nevada, Sierra de Baza, Sierra de las Estancias, Sierras de la Sagra, de Cazorla y de Segura), es una región semidesértica de insólita belleza, cuyo paisaje rememora los últimos reductos del reino nazarí en Andalucía. Sus comarcas atesoran un singular patrimonio histórico y natural, lo que le otorga una dimensión internacional a esta región agreste. Así, en La Hoya de Baza, una depresión granadina, se encuentran las localidades arqueo-paleontológicas más importantes de la rivera norte del Mediterráneo, sólo comparables a los del legendario Valle del Rift en el África oriental.

En diversos yacimientos de la cuenca, situados en las inmediaciones de la villa de Orce, como Barranco León, Fuente Nueva-3 y Venta Micena, tienen lugar actualmente excavaciones sistemáticas, auspiciadas por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, en un esfuerzo sin precedentes por poner en valor dicho patrimonio. Estas excavaciones han permitido recuperar las evidencias fósiles más antiguas de presencia humana en Europa occidental, fechadas en un millón cuatrocientos mil años, documentando con precisión el entorno ecológico y paleoambiental de las comunidades de grandes mamíferos en las que se insertaban estos remotos pobladores, desarrolladas en el entorno de un gran lago salobre.

Ahora bien, la cuenca depara muchas otras sorpresas, como muestra el trabajo que acaba de aparecer en la revista Quaternary Science Reviews, publicación de élite sobre las investigaciones del Cuaternario. En él se analizan y documentan toda una serie de evidencias geoquímicas, mineralógicas y estratigráficas, como la presencia de celestina, depósitos de azufre nativo, arcillas magnésicas, estromatolitos y formaciones travertínicas, que apuntan a la existencia de una fuerte actividad hidrotermal en la región durante los últimos millones de años.

El trabajo ha sido liderado por el Dr. José Manuel García Aguilar, profesor de la Universidad de Málaga, junto a otros científicos de las áreas de Paleontología, Estratigrafía y Botánica del mismo centro, como los Dres. Antonio Flores Moya, Antonio Guerra Merchán, Paul Palmqvist Barrena y Francisco Serrano Lozano, así como el Dr. Bienvenido Martínez-Navarro, Investigador ICREA en el Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES), que es a su vez el coordinador de las investigaciones paleontológicas del proyecto de Orce.

Sobre dicho termalismo, que está ligado a la evolución del relleno de la cuenca producto de la erosión de las sierras circundantes y condicionada por la existencia de una altísima sismicidad que se manifiesta por la presencia de abundantes fallas activas, quedan hoy en día vestigios en los balnearios de Alicún de las Torres o de Zújar, o los manantiales de aguas menos cálidas de Fuencaliente en Orce y en Huéscar, entre otros.

Aspectos insólitos

Es precisamente el hallazgo de tales anomalías ligadas a fenómenos hidrotermales lo que permite explicar toda una serie de aspectos insólitos de La Hoya de Baza en el Pleistoceno inferior, hace aproximadamente 1,5 millones de años, en el momento en que se formó el yacimiento de Venta Micena, como la existencia de un lago que mantenía una lámina de agua permanente durante todo el año. Así, las precipitaciones que recibe hoy día la región representan tan solo 350 milímetros al año, por lo que serían claramente insuficientes para recargar este acuífero cuando la cuenca era endorreica. Esto significa que el lago se habría desecado estacionalmente, como ocurre hoy día en la Laguna de Fuente de Piedra, análogo actual a menor escala del lago de Baza.

Además, las bajas temperaturas invernales habrían supuesto que sus aguas se congelasen en superficie, lo que imposibilitaría la existencia de ciertos elementos de la fauna, como el hipopótamo gigante del Pleistoceno, especie bien documentada en los yacimientos paleontológicos de la región. "Ahora bien, este megaherbívoro, cuya masa corporal duplicaba la de la especie actual, tenía una mayor dependencia del medio líquido, al alimentarse de vegetación exclusivamente acuática", cuenta Bienvenido Martínez-Navarro.

La clave radica en los valores isotópicos recuperados en el colágeno fósil de la fauna de Venta Micena, pues indican que hace un millón y medio de años las precipitaciones en la hoya de Baza, en torno a unos 800 mililitros, eran bastante superiores a las actuales. Este mayor aporte hídrico, sumado al de los manantiales de aguas termales, cuyas temperaturas de surgencia se sitúan en torno a 36º C, se traduciría en la estabilidad hidrológica del lago, necesaria para la existencia en su entorno de una fauna de marcado carácter subtropical. Dicho escenario configura lo que se conoce como un hotspot de alta productividad biológica, similar al que se encuentra en la cadena de lagos del África oriental, cuna de la humanidad.

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Imagen actual de Orce sobre sedimentos producto de la evaporación del lago.

Tres de los autores del artículo: José Manuel García (primero por la izquierda), Bienvenido Martínez-Navarro (segundo) y Paul Palmvist (cuarto).